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martes, 13 de octubre de 2015

Reflexiones a pie de aula

He regresado a España, teóricamente a impartir clase de griego clásico y latín. No doy nada de griego y lo mejor que tengo en el horario de este año es un latín de 4º de ESO. No voy a llorar más al respecto. Lo realmente triste es la falta de medios. El centro, en la periferia sur de Madrid, se ufana de ser sección bilingüe de inglés y haber empezado con el bachillerato de excelencia este curso. Como decía un colega de inglés el otro día, el gran cambio de su época de alumno a la de docente en este centro era el paso del cassette al CD.
A estas alturas del curso hay bastantes alumnos sin libro de texto. Podría obviarse si hubiera proyectores en las clases pero no es así. Y lo más divertido de todo es ver como nadie tiene claro cómo hacer las nuevas programaciones LOMCE.
Tengo la impresión de haber vuelto atrás en el tiempo y estar en los ochenta pero los alumnos no son de esa época, con sus pros y contras. Supongo que habrá muchos compañeros que se sientan igual que yo. Incluso algunos que se habrán quedado sin trabajo con esta nueva locura de acceso, que deja de considerar la experiencia como un dato positivo a la hora de dedicarse a esta profesión.
Parece que la tormenta aún no ha terminado. Ojalá acabe pronto porque no sé hasta cuando podrá este país soportarlo.


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