Mostrando entradas con la etiqueta mujer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujer. Mostrar todas las entradas
jueves, 25 de marzo de 2021
FELIZ CUMPLEAÑOS, GRECIA
Hoy, 25 de marzo, es el día de la fiesta nacional griega. Conmemora el
levantamiento contra los turcos, de ello hace hoy 200 años. Con ocasión de esta
celebración tan especial, las autoridades griegas han insistido en el papel de
la mujer en la lucha de Grecia por liberarse del Imperio Otomano. Varias mujeres
se destacan por haber influido en la Guerra de Independencia griega, mientras
que otras, que no tienen nombre, siempre serán recordadas en los corazones y las
historias del pueblo griego por su valentía y como mártires venerados. Echemos
un vistazo a algunas de las mujeres más memorables que dieron forma a la Guerra
de Independencia griega.
Laskarina Bouboulina:renombrada heroína de la Guerra de Independencia griega
Nació en mayo de 1771 en una prisión de Constantinopla y llevó una vida muy poco
tradicional para su época. Laskarina se casó dos veces y heredó una fortuna
debido a sus matrimonios. Hay informes de que en 1819 Bouboulina se unió a la
“Filiki Etaireia” (Sociedad de Amigos), la organización clandestina que se
preparaba para facilitar una revolución contra el dominio otomano para liberar
Grecia.
Bouboulina se convirtió en comandante naval griego en la Guerra de Independencia
griega cuando el 13 de marzo de 1821 izó una bandera griega basada en la bandera
de la dinastía Comnena en el mástil de su barco, y dirigió su flota. de ocho
barcos a Nauplio, donde inició un bloqueo naval. Su riqueza y fortuna le
resultaron útiles, ya que gastó la mayor parte de sus riquezas para suministrar
municiones y alimentos para los marineros y soldados bajo su mando. Continuaría
participando en otros bloqueos navales y la captura de Monemvasia y Pylos. En
1825, sin embargo, fue asesinada en el balcón de su casa en Spetses durante una
disputa familiar por un asesino desconocido. Hay una película protagonizada por
Irene Pappas, que está en youtube, aunque con mala calidad de imagen.
Manto Mavrogenous, una luchadora por la causa de la libertad griega
Nacida en 1796 en Trieste, Italia, que en ese momento formaba parte del Imperio
austríaco, Mavrogenous se mudó a Paros con su familia en 1809 y se unió a
"Filiki Etaireia" en 1820 cuando supo por su padre, que ya era miembro de la
organización, que estaban preparando una revolución. Ella era rica y bien
educada y convenció a sus amigos de que donaran su dinero en un esfuerzo por
aumentar el armamento para los griegos que luchaban en la revolución, llegando a
ir a París para atraer a las mujeres ricas al lado de los griegos. Mavrogenous
fue primero a Mykonos para invitar a líderes a unirse a la revolución. Poco
después, dejó a su familia en 1823 para mudarse a Nauplio para luchar en el
centro del conflicto. Permaneció en Nauplio después de que concluyó la guerra y
Kapodistrias le concedió el rango de Teniente General. Después del asesinato de
Kapodistrias, Mavrogenous regresó a Mykonos y perdió la vida a causa de la
fiebre tifoidea en julio de 1848.
Rallou Karatza fue una princesa, actriz y revolucionaria
Nacida como princesa en 1799, Karatza se convirtió en actriz, directora de
teatro y traductora. Participó en la Guerra de Independencia griega, ya que se
rumorea que ella también se había convertido en miembro de "Filiki Etaireia",
utilizando su influencia como actriz de teatro para ayudar a la revolución.
Karatza tradujo e interpretó obras de teatro de Europa Occidental en el
“Cişmeaua Roşie” en Bucarest, donde se convirtió en una valiosa arma de
propaganda para la revolución. Los informes dicen que murió en 1870.
Las "mesolongitisses", heroínas que defendieron a Grecia en la Guerra de la Independencia
Las mujeres de Messolonghi, o "Mesolongitisses" son recordadas como las
valientes heroínas que, durante la Guerra de Independencia griega, ayudaron en
los esfuerzos por liberar a Grecia de los turcos de muchas maneras. No solo
defendieron el oeste de Grecia durante el largo asedio de la zona, sino que
también ayudaron a los soldados transportando materiales para construir fuertes
como madera y herramientas y ayudaron a los heridos a recuperarse. Durante el
éxodo, muchas de las mujeres de Missolonghi perecieron junto a los soldados
cuando fueron masacradas, capturadas o se suicidaron para escapar de la tortura
o la esclavitud a manos de su enemigo.
Los "Souliotisses" eligieron la muerte antes que la captura
Las mujeres de Souli, llamadas "Souliotisses", son conocidas por su valentía en la
lucha y por ser mártires. Participaron en las operaciones militares del norte de
Grecia e incluso arrojaron rocas desde altos acantilados que se estrellarían
contra los turcos durante las batallas. En diciembre de 1803, en la “Danza de
Zalongo”, estas mujeres optaron por arrojarse por los altos acantilados donde
antes habían arrojado piedras para suicidarse antes que ser capturadas por los
turcos.
Etiquetas:
25 de marzo,
Grecia,
mujer
domingo, 15 de noviembre de 2015
Mujeres de Roma, exposición en Caixa Forum
Hoy me he decidido a ver la exposición "Mujeres de Roma: seductoras, maternales, excesivas; colecciones del Museo del Louvre" en el Caixa Forum de Madrid. Estará abierta hasta el 14 de febrero. La visita merece la pena pero mejor no hacerla en domingo. No se controla el aforo y uno se encuentra con una masa de gente embobada viendo un video, impidiendo ver algunas de las mangníficas piezas de la misma sala.
Te cobran 4€, salvo que seas cliente de la entidad. Los que me conocen saben de mi guerra perdida sobre las visitas que hacemos los profesores. En caso de concertar una visita comentada, debemos añadir 20€ por grupo.
Me han sorprendido gratamente las imágenes de las placas de terracota de la colección Campana. No pongo foto porque estaba prohibido hacerlas y el catalágo costaba 40€. Confieso que hasta hoy no sabía que Giovanni Pietro Campana (1808-1880) era un coleccionista italiano que además de tener un gusto exquisito, estuvo a cargo de las excavaciones de Ostia. Su abuelo ya había sido sobreintendente de las colecciones pontificias con Clemente XIV y Pío VI. Fue acumulando su colección en su villa del Laterano. Pero su pasión sería su perdición. Se le llegó a acusar de llevarse fondos del Monte de Piedad y de pedir préstamos que no pudo pagar. Finalmente la que fue la mejor colección privada del s. XIX, fue vendida al zar, al British y al Louvre. Aunque fue condenado al exilio el papa le conmutó la pena a cambio de sus bienes. Napoleón III fue el que adquirió la mayor parte de ellos por un valor de 812.000 escudos.
Campana marchó a Nápoles. Sabemos que pasó por Ginebra y París. Con la reunificación italiana intentó recuperar parte de sus bienes, volviendo a Roma en 1870. Murió el 10 de octubre de 1880 a la espera de un juicio que había solicitado.
Te cobran 4€, salvo que seas cliente de la entidad. Los que me conocen saben de mi guerra perdida sobre las visitas que hacemos los profesores. En caso de concertar una visita comentada, debemos añadir 20€ por grupo.
Me han sorprendido gratamente las imágenes de las placas de terracota de la colección Campana. No pongo foto porque estaba prohibido hacerlas y el catalágo costaba 40€. Confieso que hasta hoy no sabía que Giovanni Pietro Campana (1808-1880) era un coleccionista italiano que además de tener un gusto exquisito, estuvo a cargo de las excavaciones de Ostia. Su abuelo ya había sido sobreintendente de las colecciones pontificias con Clemente XIV y Pío VI. Fue acumulando su colección en su villa del Laterano. Pero su pasión sería su perdición. Se le llegó a acusar de llevarse fondos del Monte de Piedad y de pedir préstamos que no pudo pagar. Finalmente la que fue la mejor colección privada del s. XIX, fue vendida al zar, al British y al Louvre. Aunque fue condenado al exilio el papa le conmutó la pena a cambio de sus bienes. Napoleón III fue el que adquirió la mayor parte de ellos por un valor de 812.000 escudos.
Campana marchó a Nápoles. Sabemos que pasó por Ginebra y París. Con la reunificación italiana intentó recuperar parte de sus bienes, volviendo a Roma en 1870. Murió el 10 de octubre de 1880 a la espera de un juicio que había solicitado.
Etiquetas:
exposición,
mujer,
Roma
viernes, 15 de abril de 2011
La mujer en la Antigua Grecia (3)
EL MATRIMONIO
La ceremonia del matrimonio en Atenas era una secuencia de eventos que abarcaba tres días: la víspera de la boda, προαυλία; el día de la boda, γάμος; el día después de la boda, τὰ ἐπαύλια. El mes preferido de los atenienses para celebrar los matrimonios era el de Gamelión -final de enero-principios de febrero en nuestro calendario.
En el transcurso de la vida de la mujer, el único día en que se convertía en protagonista social era el de su boda, programado de acuerdo con unos tradicionales preparativos y ceremonias organizados con el consentimiento paterno, por los padrinos, el παράνυμφος y la παρανύμφη. En cuanto el padre elegía a quien iba a ser el esposo de su hija, se fijaban los acuerdos económicos y la cuantía de la dote que él le entregaba y que podía ser reclamada en caso de repudio o divorcio. Se concertaba, de este modo, la promesa de boda (ἐγγύησις) y la joven, a partir de ese momento dejaba de ser πάρθενος (virgen) para convertirse en νυμφή (prometida o novia). Desde entonces, comenzaban los preparativos de la boda propiamente dicha (γάμος) que consistía en la entrega oficial, ante testigos, de la joven desposada a su marido.
Los ritos propiciatorios, de despedida y de purificación comenzaban la víspera del día del enlace. Se iniciaban con los correspondientes sacrificios a los dioses protectores del hogar y de la fecundidad, así como a los patronímicos de la propia familia: Zeus, Hera, Ártemis, Apolo y Pitó (la persuasión). Después, se procedía a la preparación del banquete nupcial y al adorno de los carruajes que iban a emplearse en el cortejo de acompañamiento de la novia hasta la casa del marido. Entretanto, las amigas de la novia y los familiares más íntimos se dirigían en procesión a la fuente principal de la ciudad, en el caso de Atenas a la llamada Calírroe, a coger en una vasija ritual, llamada loutrophóros(λουτροφόρος), el agua precisa para el baño ritual de la novia que tenía lugar en el gineceo, antes de la boda. Allí se ungía, además, su cuerpo con aceites perfumados, se peinaban sus cabellos y se disponía su atuendo y el velo con el que debía recubrir su rostro durante la ceremonia.
Los regalos de parientes y amigos se acumulaban en la casa de la novia desde donde serían trasladados en los carros que componían el cortejo nupcial de los desposados que tenía lugar la noche de la boda o al día siguiente. Después de la ceremonia de entrega, se celebraba el banquete nupcial, con todo boato, aunque las mujeres se sentaban en el sitio que se les destinaba, separadas de los hombres. Se ofrecían de nuevo, sacrificios a los dioses para asegurar la fecundidad del matrimonio, salud y larga vida, una convivencia feliz y el alejamiento toda suerte de malos augurios. A los invitados se les ofrecían, además de exquisitas viandas, buenos vinos y selectas frutas, coronas de flores con las que adornarse, como señal de gozo y alegría. Tal era, en algunos casos, el despilfarro en este tipo de celebraciones, que Solón se vio obligado a limitar con leyes suntuarias los gastos exagerados que originaban tanto las bodas como los funerales, sobre todo entre las gentes adineradas y de clase media que, haciendo dispendios por encima de sus posibilidades, llegaban a contraer deudas considerables.
La noche de bodas transcurría en el hogar de la novia, o ya en la del novio en un aposento engalanado a tal fin, el tálamos (θάλαμος). Su calidad erótica estaría en función de los lazos de afecto que unieran a los esposos, pero, al menos, la joven esposa no tenía miedo, ya que todas las niñas, en torno a los diez años, sufrían un ritual de iniciación en el santuario de Ártemis Brauronia .
A las arkteia (de ἄρκτος, oso -a), las “fiestas de la osa”, asistían las niñas vestidas de color azafrán, como exigía este ceremonial de tránsito a la pubertad, orgullosas de ser las protagonistas del primer acto social que a ellas se las dedicaba. Durante estas celebraciones aparecía una sacerdotisa cubierta con piel de oso. Las niñas ofrecían a la diosa sus vestidos virginales, los lazos de sus cabellos, sus juguetes, etc., y regresaban a sus casas sabiéndose dispuestas para el matrimonio 1.
Terminado el festejo, al caer la noche o al día siguiente de la boda, se organizaba el cortejo nupcial, es decir el traslado de la recién desposada a casa del marido, entre los gritos de alegría y el alboroto de los jóvenes que esperaban la salida de los novios a la puerta de la habitación donde habían compartido lecho por primera vez y cuya puerta había estado vigilada por un amigo del novio, el θυρωρός. Se hacían invocaciones rituales: ¡Himeneo, dios del himeneo! y una vez cargadas las carretas, la procesión se dirigía al nuevo domicilio. Si el traslado se hacía de noche, el cortejo se iluminaba por medio de antorchas. Al llegar a la nueva casa, la novia era recibida por los padres del marido. La madre ceñía la cabeza de su nuera una corona de mirto y derramaban sobre ella nueces e higos secos, le ofrecía un trozo del pastel nupcial, hecho con ajonjolí y miel, depositando, después, entre sus manos un membrillo, símbolo de fertilidad. Dicho membrillo se mantenía entre las ropas del ajuar de la desposada como un recuerdo del día de su boda y para alejar de ella los malos olores. El día siguiente o de “torna-boda”, aún se consideraba como una fiesta y se continuaban las invitaciones a los amigos y familiares, ya que era, entonces, cuando se hacía entrega de la dote prometida y se cerraban los últimos tratos. A continuación, el marido comunicaba a su fratría o estirpe su matrimonio y, a partir de entonces, se iniciaba una vida de embarazos y rutina para la mujer, ya que, incluso, le estaba vetado el ir de compras, cometido del que se encargaba el hombre de la casa. Con todo era su mejor destino, ya que en los casos de esterilidad se procedía a su repudio, totalmente aceptado por parte de sus progenitores.
Es obvio, que en las capas más bajas de la sociedad, en las que los padres no tenían la posibilidad de dar una dote a sus hijas, no podían hacer frente a este tipo de bodas y menos aún los esclavos. Por esta razón fueron frecuentes las uniones de hecho, con el consiguiente perjuicio para los hijos, ya que solamente tenían la categoría de ciudadanos los nacidos de matrimonios legales. En tales ambientes, además, las mujeres, en caso de mucha necesidad, podían establecer algún humilde puesto en el ágora, por lo general dedicado a la venta de verduras, frutas, perfumes o coronas de flores para las ceremonias y banquetes, ejercer como parteras, participar en determinadas tareas artesanales y en el trabajo de los campos.
La moral en uso permitía al hombre toda suerte de evasiones extraconyugales, tanto con heteras como con efebos, pero la castidad de la mujer era un hecho incuestionable. En caso de adulterio, la ley permitía al esposo ultrajado repudiar a la esposa y matar a su rival. Incluso, podía ejercer este derecho cuando la seducida era una de sus concubinas, la mayoría de las cuales vivían bajo su techo.
El sistema matrimonial ateniense contemplaba además de la muerte , tres formas de disolución:
1) el repudio por parte del marido, ἀποπέμψις o ἐκρέμψις, al que recurrían los maridos cuando lo deseaban, sin ninguna necesidad de justificar la razón, con la única consecuencia de restituir la dote,
2) El abandono del lecho conyugal por parte de la esposa, llamado ἀρόλειψις, forma permitida pero censurable socialmente,
3)La ἀφαίρεσις paterna, es decir, el acto por el que el padre decidía interrumpir el matrimonio de su hija.
Lo que marcaba el paso definitivo de la mujer a la familia del marido no era el matrimonio en sí, sino la procreación.
Dice Demóstenes que el hombre ateniense podía tener tres mujeres: la esposa para tener hijos legítimos, la concubina para “el cuidado del cuerpo” y la hetera para el placer.
Pensando en la suerte que corrían las esclavas y las heteras o cortesanas, la mujer griega libre podía considerarse una afortunada. Las esclavas procedían, en su mayoría, de familias de “bárbaros” o extranjeros que por una razón u otra (guerras, toma de ciudades, piratería, compraventa) habían pasado a ser esclavos en las ciudades griegas y habían engendrado hijos, constituyendo familias sin derechos de hecho, pero si de uso. Las que disfrutaban de un mejor trato eran las domésticas, es decir las que se incorporaban al servicio de una casa acomodada, ya que en ella recibían, por lo general, un trato muy considerado.
Más educada que una mujer destinada al matrimonio, la hetera cobraba por una relación en cierta medida gratificante también bajo el perfil intelectual. Es diferente a la prostituta (πόρνη) que ejercitaba una profesión no prohibida por la ley (la masculina sí, si era ciudadano el que la ejercía) y que pagaba impuestos.
1) Según algunos autores rompían el himen de las niñas como parte del culto. González Serrano, P.: "La mujer griega a través de la iconografía doméstica", revista Akros, Melilla, 2003.
La ceremonia del matrimonio en Atenas era una secuencia de eventos que abarcaba tres días: la víspera de la boda, προαυλία; el día de la boda, γάμος; el día después de la boda, τὰ ἐπαύλια. El mes preferido de los atenienses para celebrar los matrimonios era el de Gamelión -final de enero-principios de febrero en nuestro calendario.
En el transcurso de la vida de la mujer, el único día en que se convertía en protagonista social era el de su boda, programado de acuerdo con unos tradicionales preparativos y ceremonias organizados con el consentimiento paterno, por los padrinos, el παράνυμφος y la παρανύμφη. En cuanto el padre elegía a quien iba a ser el esposo de su hija, se fijaban los acuerdos económicos y la cuantía de la dote que él le entregaba y que podía ser reclamada en caso de repudio o divorcio. Se concertaba, de este modo, la promesa de boda (ἐγγύησις) y la joven, a partir de ese momento dejaba de ser πάρθενος (virgen) para convertirse en νυμφή (prometida o novia). Desde entonces, comenzaban los preparativos de la boda propiamente dicha (γάμος) que consistía en la entrega oficial, ante testigos, de la joven desposada a su marido.
![]() |
| Loutrophóros, Museo Arqueológico de Atenas |
Los regalos de parientes y amigos se acumulaban en la casa de la novia desde donde serían trasladados en los carros que componían el cortejo nupcial de los desposados que tenía lugar la noche de la boda o al día siguiente. Después de la ceremonia de entrega, se celebraba el banquete nupcial, con todo boato, aunque las mujeres se sentaban en el sitio que se les destinaba, separadas de los hombres. Se ofrecían de nuevo, sacrificios a los dioses para asegurar la fecundidad del matrimonio, salud y larga vida, una convivencia feliz y el alejamiento toda suerte de malos augurios. A los invitados se les ofrecían, además de exquisitas viandas, buenos vinos y selectas frutas, coronas de flores con las que adornarse, como señal de gozo y alegría. Tal era, en algunos casos, el despilfarro en este tipo de celebraciones, que Solón se vio obligado a limitar con leyes suntuarias los gastos exagerados que originaban tanto las bodas como los funerales, sobre todo entre las gentes adineradas y de clase media que, haciendo dispendios por encima de sus posibilidades, llegaban a contraer deudas considerables.
La noche de bodas transcurría en el hogar de la novia, o ya en la del novio en un aposento engalanado a tal fin, el tálamos (θάλαμος). Su calidad erótica estaría en función de los lazos de afecto que unieran a los esposos, pero, al menos, la joven esposa no tenía miedo, ya que todas las niñas, en torno a los diez años, sufrían un ritual de iniciación en el santuario de Ártemis Brauronia .
![]() |
| Templo de Braurón |
Terminado el festejo, al caer la noche o al día siguiente de la boda, se organizaba el cortejo nupcial, es decir el traslado de la recién desposada a casa del marido, entre los gritos de alegría y el alboroto de los jóvenes que esperaban la salida de los novios a la puerta de la habitación donde habían compartido lecho por primera vez y cuya puerta había estado vigilada por un amigo del novio, el θυρωρός. Se hacían invocaciones rituales: ¡Himeneo, dios del himeneo! y una vez cargadas las carretas, la procesión se dirigía al nuevo domicilio. Si el traslado se hacía de noche, el cortejo se iluminaba por medio de antorchas. Al llegar a la nueva casa, la novia era recibida por los padres del marido. La madre ceñía la cabeza de su nuera una corona de mirto y derramaban sobre ella nueces e higos secos, le ofrecía un trozo del pastel nupcial, hecho con ajonjolí y miel, depositando, después, entre sus manos un membrillo, símbolo de fertilidad. Dicho membrillo se mantenía entre las ropas del ajuar de la desposada como un recuerdo del día de su boda y para alejar de ella los malos olores. El día siguiente o de “torna-boda”, aún se consideraba como una fiesta y se continuaban las invitaciones a los amigos y familiares, ya que era, entonces, cuando se hacía entrega de la dote prometida y se cerraban los últimos tratos. A continuación, el marido comunicaba a su fratría o estirpe su matrimonio y, a partir de entonces, se iniciaba una vida de embarazos y rutina para la mujer, ya que, incluso, le estaba vetado el ir de compras, cometido del que se encargaba el hombre de la casa. Con todo era su mejor destino, ya que en los casos de esterilidad se procedía a su repudio, totalmente aceptado por parte de sus progenitores.
Es obvio, que en las capas más bajas de la sociedad, en las que los padres no tenían la posibilidad de dar una dote a sus hijas, no podían hacer frente a este tipo de bodas y menos aún los esclavos. Por esta razón fueron frecuentes las uniones de hecho, con el consiguiente perjuicio para los hijos, ya que solamente tenían la categoría de ciudadanos los nacidos de matrimonios legales. En tales ambientes, además, las mujeres, en caso de mucha necesidad, podían establecer algún humilde puesto en el ágora, por lo general dedicado a la venta de verduras, frutas, perfumes o coronas de flores para las ceremonias y banquetes, ejercer como parteras, participar en determinadas tareas artesanales y en el trabajo de los campos.
La moral en uso permitía al hombre toda suerte de evasiones extraconyugales, tanto con heteras como con efebos, pero la castidad de la mujer era un hecho incuestionable. En caso de adulterio, la ley permitía al esposo ultrajado repudiar a la esposa y matar a su rival. Incluso, podía ejercer este derecho cuando la seducida era una de sus concubinas, la mayoría de las cuales vivían bajo su techo.
El sistema matrimonial ateniense contemplaba además de la muerte , tres formas de disolución:
1) el repudio por parte del marido, ἀποπέμψις o ἐκρέμψις, al que recurrían los maridos cuando lo deseaban, sin ninguna necesidad de justificar la razón, con la única consecuencia de restituir la dote,
2) El abandono del lecho conyugal por parte de la esposa, llamado ἀρόλειψις, forma permitida pero censurable socialmente,
3)La ἀφαίρεσις paterna, es decir, el acto por el que el padre decidía interrumpir el matrimonio de su hija.
Lo que marcaba el paso definitivo de la mujer a la familia del marido no era el matrimonio en sí, sino la procreación.
Dice Demóstenes que el hombre ateniense podía tener tres mujeres: la esposa para tener hijos legítimos, la concubina para “el cuidado del cuerpo” y la hetera para el placer.
Pensando en la suerte que corrían las esclavas y las heteras o cortesanas, la mujer griega libre podía considerarse una afortunada. Las esclavas procedían, en su mayoría, de familias de “bárbaros” o extranjeros que por una razón u otra (guerras, toma de ciudades, piratería, compraventa) habían pasado a ser esclavos en las ciudades griegas y habían engendrado hijos, constituyendo familias sin derechos de hecho, pero si de uso. Las que disfrutaban de un mejor trato eran las domésticas, es decir las que se incorporaban al servicio de una casa acomodada, ya que en ella recibían, por lo general, un trato muy considerado.
Más educada que una mujer destinada al matrimonio, la hetera cobraba por una relación en cierta medida gratificante también bajo el perfil intelectual. Es diferente a la prostituta (πόρνη) que ejercitaba una profesión no prohibida por la ley (la masculina sí, si era ciudadano el que la ejercía) y que pagaba impuestos.
1) Según algunos autores rompían el himen de las niñas como parte del culto. González Serrano, P.: "La mujer griega a través de la iconografía doméstica", revista Akros, Melilla, 2003.
domingo, 10 de abril de 2011
La mujer en la Antigua Grecia (2)
El papel de la mujer como esposa y madre y, sobre todo, como “ecónoma” de los bienes del hogar fue definitivo para el buen funcionamiento de la sociedad griega.
Es evidente que los sentimientos de la mujer se tenían poco en cuenta. Los matrimonios eran fruto de una concertación paterna y, aunque no puede descartarse el hecho de que algunos jóvenes enamorados llegasen a casarse con el beneplácito de las respectivas familias, lo normal era que las mujeres aceptasen al marido elegido por sus padres.
Los hombres se casaban ante todo para tener hijos varones, al menos uno que perpetúe la raza y que garantice a su padre el culto que él mismo ha celebrado para sus antepasados.
En Esparta la ley castigaba a los solteros recalcitrantes. Parece que la mayoría de los atenienses se casaba por conveniencia religiosa y social, no por gusto. No era raro el matrimonio entre primos hermanos o que un tío se case con su sobrina. La ley prohibía el matrimonio entre hermanos que procedían de una misma madre, mientras que se permitía que contrajeran matrimonio entre sí hijos de un mismo padre y madres diferentes. La hija que heredaba de su padre difunto al no haber ningún heredero masculino, se debía casar con el pariente más próximo de su padre, si éste aceptaba.
La exposición de los recién nacidos, mayoritariamente de niñas, era un uso que las leyes consentían y la conciencia social aceptaba sin problemas y que continuó practicándose incluso en época helenística. Las niñas no recibían una educación formal en la escuela y lo poco que pudieran aprender a leer lo aprendían en casa. Las niñas jugaban con muñecas, confeccionadas con arcilla cocida y sencillos sistemas de articulación de forma que podían sentarse y mover la cabeza.
Sin embargo, muy pronto, comenzaba su adiestramiento como futura ama de casa, por lo que se les enseñaba a hilar, a tejer, a bordar y a realizar las tareas domésticas. A partir de esa etapa de su vida su única distracción era hacer este tipo de labores charlando en el umbral de la casa o en los patios interiores de la casa. Tal vez, el momento de mayor esparcimiento era el de ir a la fuente, con la hidria.
En realidad, la infancia femenina era muy corta, ya que antes de los quince años una joven ateniense podía ser dada en matrimonio, generalmente con un hombre entre los 25 y los 30. A esa edad si era avispada y había recibido una buena educación por parte de la madre ya podía realizar todas las tareas de la casa o vigilar a las esclavas en el caso de tener una posición desahogada.
Es evidente que los sentimientos de la mujer se tenían poco en cuenta. Los matrimonios eran fruto de una concertación paterna y, aunque no puede descartarse el hecho de que algunos jóvenes enamorados llegasen a casarse con el beneplácito de las respectivas familias, lo normal era que las mujeres aceptasen al marido elegido por sus padres.
Los hombres se casaban ante todo para tener hijos varones, al menos uno que perpetúe la raza y que garantice a su padre el culto que él mismo ha celebrado para sus antepasados.
![]() |
| Figura femenina de terracota. Museo de Corinto |
La exposición de los recién nacidos, mayoritariamente de niñas, era un uso que las leyes consentían y la conciencia social aceptaba sin problemas y que continuó practicándose incluso en época helenística. Las niñas no recibían una educación formal en la escuela y lo poco que pudieran aprender a leer lo aprendían en casa. Las niñas jugaban con muñecas, confeccionadas con arcilla cocida y sencillos sistemas de articulación de forma que podían sentarse y mover la cabeza.
![]() |
| Muñeca. Museo Arqueológico de Atenas |
Sin embargo, muy pronto, comenzaba su adiestramiento como futura ama de casa, por lo que se les enseñaba a hilar, a tejer, a bordar y a realizar las tareas domésticas. A partir de esa etapa de su vida su única distracción era hacer este tipo de labores charlando en el umbral de la casa o en los patios interiores de la casa. Tal vez, el momento de mayor esparcimiento era el de ir a la fuente, con la hidria.
En realidad, la infancia femenina era muy corta, ya que antes de los quince años una joven ateniense podía ser dada en matrimonio, generalmente con un hombre entre los 25 y los 30. A esa edad si era avispada y había recibido una buena educación por parte de la madre ya podía realizar todas las tareas de la casa o vigilar a las esclavas en el caso de tener una posición desahogada.
domingo, 3 de abril de 2011
La mujer en la Antigua Grecia (1)
El primer documento que describe con detalle las condiciones de vida de la mujer griega son los poemas homéricos. Parece que la mujer homérica habría sido respetada y libre. La primera característica sobre la que se para constantemente Homero, cuando presenta a un personaje femenino, es la belleza, que la hace semejante a una diosa. Y por encima de todo debía obedecer. El héroe homérico desconfía de la mujer, incluso de la más devota y sometida, ni siquiera Penélope queda libre de sospecha. La sanción que castigaba a la esposa infiel, era el repudio, acompañado de la restitución al marido de los “eedna”, es decir, los bienes que en el momento del matrimonio había pagado al que tuviera la potestad sobre la esposa.
La mujer homérica debía tolerar que el marido tuviese una concubina y mantuviese relaciones con las esclavas. El concubinato era un vínculo reconocido pero había una jerarquía entre la esposa y la concubina, sólo la esposa aparecía en la vida social.
![]() |
| Imagen sacada de http://www.fotolog.com/tuslibros/42023783 |
En el s. VIII a. C. la reforma de Dracón impide el tomarse la ley por su mano, salvo en los casos de adulterio. La μοιχεία o relación sexual extramatrimonial era un delito de tal gravedad que quedaba excluido del campo de aplicación de los nuevos principios. Se podía castigar al hombre con la muerte, pero no así a la mujer. La mujer que traicionaba a su marido era considerada seducida, más bien que adúltera.
En la Atenas clásica las esposas de los ciudadanos no tienen ningún derecho político ni jurídico, al igual que los esclavos. La ateniense casada, aunque permanece confinada en su hogar, al menos lo gobierna con autoridad, mientras su dueño no ponga objeciones. Es impensable que la joven pueda reunirse libremente con jóvenes varones, pues permanecen recluidas en las habitaciones reservadas a las mujeres, el gineceo. Podían salir de casa con motivo de las fiestas religiosas, de las que formaban parte las representaciones teatrales. Sólo las mujeres más pobres trabajaban fuera de casa. Las mujeres acomodadas y respetables permanecían en sus casas.
En la Política aristotélica (I, 2) las relaciones entre hombre y mujer se sitúan entre las que existen entre los que mandan y los que obedecen, como las de los libres con los esclavos, aunque mujer y esclavo no sean iguales por naturaleza, aclara. La entrada de la mujer en el “oikos” del marido ha sido comparada a un rito de integración similar al de los esclavos. La ciudadanía antigua era un concepto excluyente que dejaba fuera a los esclavos y a las mujeres, en la realidad, por más que jurídicamente las cosas fueran de otra manera. Estas son ciudadanas pero no participan en la ciudadanía activa en el plano político.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







