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martes, 25 de febrero de 2014

Eporedia (I)


El nombre de Eporedia es de origen celta. En el 143 a. C. Los salassos luchan contra los romanos de Apio Claudio Pulcro, que pierden 10.000 hombres, para el horror de los generales y del Senado de Roma.
Pero en el 140 a. C. los romanos se impusieron a los salassos que dejaron 5.000 muertos en el campo de batalla. En el año 100 a.C. los romanos, con Cayo Mario y Valerio al frente fundan Eporedia (Ivrea), desde ese momento la comarca del Canavese entra definitivamente en el área de influencia romana y entra en su historia. En el año 25 a.C. Varrón Murena derrota definitivamente a los salassos en una batalla en la confluencia de los ríos Dora Baltea y Buthier, en el mismo año y en el mismo lugar surge Augusta Pretoria (Aosta).

 
Se menciona a la ciudad en las cartas de Cicerón (Fam. 11.20).. También fue mencionada por Estrabón (4.6.7), Veleyo Patérculo( 1.15)  , Plinio (3.17; 21.20)   y Ptolomeo (3.1.34);  y es  citada por Tácito (Hist. 1.70) entre los municipios transpadanos.
 
Los edificios públicos y privados que había en la Ivrea romana (Eporedia) han sido casi destruidos del todo a lo largo de los siglos, para dejar sitio a palacios, iglesias y diversas estructuras. Sin embargo quedan algunas huellas que nos permiten reconstruir Eporedia.
 
Al coronar la subida de la calle que va hacia la catedral es posible observar los restos de muro que dan testimonio de la presencia en esta zona del teatro romano. Se levantaba en el propio centro de la ciudad, a poca distancia del cruce entre el decumano y el cardo máximo y fue probablemente edificado en el s. I d.C.
El teatro de Eporedia apareció a principios de 1800 durante algunas obras de restructuración y  fue posible conocer la situación precisa y dimensiones. Con el paso del tiempo fue demolido en su mayor parte y  la zona sobre la que se levantaba fue recubierta para permitir la construcción de casas, en cuyas bodegas es todavía posible ver losas de piedra que pertenecían a las gradas del teatro. Las calles adyacentes a las casas han sido construidas sobre las ruinas del teatro y han mantenido un trazado curvilíneo.
 

martes, 23 de julio de 2013

Museo Arqueológico de Florencia

He de confirmar lo que todo el mundo ya sabe, Florencia, en verano, es un horror. Comprendo que los habitantes de la ciudad odien a los turistas, no es para menos. En pleno julio había miles de turistas haciéndose una foto delante del Duomo o en la plaza de la Signoria. Tranquilos, yo no era una de ellos, nunca he creído que los sitios mejoren conmigo posando delante. Es más, procuro fotografiarme lo menos posible.

El intentar ver los Uffizi era inútil. Si uno no compraba la entrada por internet con un sobreprecio de 4 euros, tenía que hacer un mínimo de cola de dos horas. Pero no muy lejos, a unos ochocientos metros, está el Museo Arqueológico. No había colas, no éramos más de doce personas viéndolo y tiene unas piezas impresionantes. Además, como es un museo nacional, nos hacen descuento a los profesores.
De hecho el guarda tuvo la amabilidad de abrirme una parte egipcia que estaba cerrada con un par de sillas. Entre lo que había en esa sección estaban estos calcetines coptos de la necrópolis de Antínoe.
s. IV-VI d.C.
 En esa misma planta estaba la Quimera de Arezzo, obra etrusca de bronce del s. IV hallada en 1553 por casualidad al trabajar en el exterior de la Porta de San Laurentino.


Pero el plato fuerte estaba aún por llegar. La segunda planta la abrieron para nosostros. Además de un sarcófago pintado por un artista griego, siguiendo el esquema compositivo del mausoleo de Halicarnaso, pero con inscripciones en etrusco, del que ignoraba su existencia.

Para rematar estaba esperándome el vaso François, obra de Ergótimos y pintada por Clitias, considerado la obra cumbre de la cerámica ática. Presenta unas 270 figuras con distintas escenas: la caza del jabalí de Calidón, las carreras de carros en honor a Patroclo, Ayax recogiendo el cadáver de Aquiles o los atenienses desembarcando en el Ática después de haber sido salvados por Teseo del Minotauro.


Aún estoy impresionada.