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martes, 15 de marzo de 2022

No hemos aprendido nada

 Ya hace dos años que declararon el estado de alarma y nuestra vida cambió. No habíamos imaginado que estaríamos en casa sin salir excepto para comprar alimentos, medicinas y trabajos esenciales.

Los docentes estuvimos muy atareados mayoritariamente. La mayoría de mis conocidos y yo misma estuvimos trabajando como locos para atender a nuestros alumnos en la distancia con nuestros propios medios. Fue un esfuerzo brutal. No había trabajado tanto en mi vida como docente.

Nos hicimos a trabajar digitalmente, con las dificultades que cada uno encontró, dependiendo de su formación inicial y del grado de digitalización del centro. Así acabamos el curso en junio de 2020. El siguiente curso fue el de la "semipresencialidad". Con la mitad de la clase en casa y la otra mitad en el aula. No había muchos medios técnicos para hacer aquello y también dependió de los centros la capacidad tecnológica para tal empresa. En general funcionó mal y los temarios se vieron parcialmente.

Tras esos dos cursos "atípicos" este año estamos volviendo a la "normalidad". Los alumnos tienen claramente una falta de base y además algunos tienen graves problemas psicológicos. Este año ya no había limitación de aforo, cabían todos en el aula. Lo único que nos recordaba a la pandemia era el frío que seguimos pasando por tener las ventanas abiertas para evitar el contagio, junto con las mascarillas.

Estamos cerca de que acabe la obligación de llevar mascarilla en interiores, excepto hospitales, residencias de ancianos y transporte público. Es más, quieren empezar por quitar las mascarillas en los centros educativos porque los niños cursan la enfermedad de manera leve. Una vez más la salud del profesorado no importa.

En estos dos años no se ha hecho nada para mejorar el grado de filtrado y ventilación de los centros educativos. Se ha gastado una importante cantidad de dinero en comprar productos de limpieza e hidrogel, cuando ya está demostrado que es un virus aéreo. Es una decisión política, sin duda, la de quitar la obligatoriedad de las mascarillas en interiores. De hecho acaban de quitar la obligatoriedad en Francia cuando hay un repunte de casos y, eso sí, están a un mes de las elecciones presidenciales.

Con el confinamiento la formación pasó a ser a distancia, lo que permitió disfrutar de oportunidades de aumentar conocimientos que de manera presencial habría sido imposible. La formación del profesorado se abrió ante tal situación. En vez de mantenerlo para facilitar el conocimiento hemos vuelto a la absoluta presencialidad.

Ningún sindicato ha planteado reivindicaciones para que se mantuviera la formación a distancia para el profesorado ni  una huelga por las condiciones "heladoras" en las que hemos tenido que trabajar en invierno.

Son muchos los compañeros que desinteresadamente han compartido sus conocimientos y sugerencias para no contagiarse. Os recomiendo http://www.prevenciondocente.com/ 

Estoy convencida de que habrá una 7ª ola. Me gustaría equivocarme.

lunes, 18 de mayo de 2020

Πανδημία/ Pandemia

Llevamos dos meses de confinamiento por causa de una pandemia atroz. Han sido muchos los que han relacionado la actual situación con algunas otras del mundo antiguo, ya sea la que describe Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso o los datos que tenemos sobre la peste antonina. No voy a repetirme.
Tampoco hablaré de la etimología de la palabra pandemia, puritito griego.
La situación ha sido, y aún es, propia de una película de ficción. De hecho una serie que había visto antes de empezar esto en España, Years and years, describía una situación semejante, en que la economía deja de ser aquello que conocimos y gente, hasta cierto punto acomodada, pasan a ser poco menos que parias.
No voy a darme de lista, de capitán a posteriori, como ahora algunos medios dicen, de que esto se veía venir y que no se tomaron las decisiones gubernamentales a tiempo o que se aprovechan de una situación sanitaria terrible para privarnos de nuestras libertades y que el gobierno debe dimitir. Si que es cierto que cuando contacté con amigos italianos a mediados de febrero supuse que pasaría lo mismo en España. Así fue.

Ahora mismo España supera los 27.000 muertos y, aunque el número diario de muertos ha decrecido, sigue habiéndolos. La enfermedad, llamada COVID-19, ha afectado muy especialmente a los ancianos. Su nivel de letalidad es muy superior al del resto de las franjas de edad. A algunos dirigentes políticos les parece que es más importante salvar la economía que salvar a los ancianos.
A estas alturas tras dos meses de confinamiento, se empieza, dependiendo de las zonas, a volver a la actividad económica. Pero seguimos sin vacuna ( y mucho que tardará) y algunos descerebrados ya salen a la calle como si todo hubiera acabado.
Mientras tanto la mayoría de profesores y alumnos hemos intentado seguir adelante con nuestros medios. Ha habido muchos días de desánimo. En la mayoría de los casos hemos dado lo mejor de nosotros mismos. Personalmente he hecho jornadas de trabajo excesivas, especialmente cuando todo empezó y estábamos intentando organizarnos sin unas directrices claras. Creo que la inmensa mayoría del profesorado y del alumnado preferiría volver a clase, pero no a cualquier precio.
En el caso de la Comunidad de Madrid se nos dice que tenemos que volver antes del final del presente curso, voluntariamente para el alumnado y obligatoriamente para el profesorado, que a la vez seguirá atendiendo telemáticamente a los alumnos que no puedan o quieran ir al centro. Se ve que además de omniscentes somos omnipresentes.
No quiero jugarme mi salud ni la de mis familiares. Pero si que agradecería que tantos directores generales y consejeros que hay del ramo empezaran por darnos medios de prevención y de trabajo para poder acometer este reto y, sobre todo, que empezaran a planificar el próximo curso y los cambios que necesariamente tendremos que dar a la docencia.
Nada volverá a ser como lo hemos conocido. Y muchos de nosotros ni tan siquiera podremos contarlo.