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domingo, 10 de enero de 2016

Aquileia ( y III)



El Museo Arqueológico fue abierto en su actual sede en 1882 como “ Imperial-regio Museo del estado”, con el patrocino del emperador Francisco José, en donde se recogen las colecciones históricas donadas o compradas a las familias más ilustres de la ciudad. Dicha colección estuvo expuesta por temas hasta los años cincuenta del pasado siglo, en que empezó a agruparse por materiales. En la galería exterior se encuentran las lápidas funerarias.
En el piso de la entrada está la escultura, cuatro salas que se distribuyen en retratos, estatuaria, relieves funerarios y esculturas de carácter sacro. Hay una lápida que representa el trazado del “pomerium” de la ciudad, con la inscripción “Lucio Manlio Acidino, hijo de Lucio, triunviro encargado de la fundación de la ciudad”



Dos estelas magníficas, una de un muchacho, con una expresión tranquila ( principio del s. II d.C)


y otra, de un herrero, como podemos apreciar por las herramientas que aparecen en la lápida, en alusión a que el finado estaba en activo en el momento de su muerte ( 1ªm del s. III d.C).


En el primer piso hay restos de productos manufacturados, glíptica, cerámica, bronce, vidrio y culto tardo-imperial.
La lápida funeraria de Musa es un raro ejemplar ( f. del s. III d. C.). Primero porque tiene la forma de un clípeo, que se suele utilizar con la apoteosis de un personaje y porque conserva restos de policromía. Aún se nota el color rojo del fondo del clípeo, el rostro presentaría un color rosa mientras que el vestido y el collar un tono amarillo.


En el segundo piso se muestra el armamento militar, los adornos y la numismática.
 Un magnífico retrato de Livia es una de las piezas estrella.


Destaco un puñado de “tribuli”, que servían para ralentizar el paso de la caballería enemiga, puesto que por su forma siempre caían con un pincho hacia arriba, dañando así las pezuñas de los caballos e incluso los pies de los soldados de infantería.


A todo ello hay que añadir los cientos de lápidas y urnas funerarias que hay en el jardín porticado, junto con los mosaicos procedentes de las termas, como el que aparece a continuación de un atleta.


Lamentablemente la sección naval, con restos de una nave del s. II d. C. estaba cerrada. Se puede tener información sobre ella pulsando aquí.
Muy cerca de este magnífico museo están los restos que se conocen como “Il sepolcreto”. Es la única parte de necrópolis que actualmente se puede visitar. Son cinco recintos funerarios que se encontraban en una calle secundaria a la salida de la ciudad. Son del s. I d. C. y algunas se usaron hasta el IV o V d.C. Fueron excavadas en 1940-41.



No voy a hablar del Museo Nacional Paleocristiano, que ocupa el edificio de una basílica y posterior convento benedictino, y cuya visita es gratuita.
Creo que la ciudad merece la visita, aunque no suele estar en los itinerarios habituales.


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