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domingo, 4 de diciembre de 2011

Cartago (I)


Para mi desolación, el viernes, traduciendo en clase de Latín II un fragmento de Nepote sobre Aníbal, mis alumnos sólo pudieron decir, tras varias pistas, que era cartaginés. No les culpo. Este sistema de estudios en el que se valora más el conocimiento de su pueblo y el detalle, no menor, de que no ha habido un profesor de latín estable en el centro desde hace años, tienen la culpa. Lo cierto es que aunque quisiera hablar de lo que suponen los cartagineses en la historia de Roma en clase, no tenemos tiempo para ello en Latín II. Suena ridículo, pero es cierto.
Intento subsanar ese déficit. Cártago estaba en donde se ubica la actual Túnez.


Después de dominar a etruscos y samnitas la frontera de Roma estaba en la Galia Cisalpina, en el pequeño Rubicón, tan importante en la vida de Julio César. Roma tenía regiones con distintos derechos: 
a) los que poseían derechos de ciudadanía,
b) los que eran colonos o guarniciones militares 
c) los que estaban sometidos a un férreo control sin ningún tipo de derecho.
Roma era una potencia en expansión y sus intereses chocaban con los de Cartago. El principal conflicto de Cartago había sido con los griegos de Sicilia.  Una vez que los romanos tomaron la Magna Grecia el conflicto fue inevitable. Romanos y cartagineses se enfrentaron en tres guerras, llamadas púnicas por los romanos (Punici , término latino para fenicios y sus descendientes los cartagineses) entre el  264 y el 146 a.C.

Primera Guerra Púnica (264 a. C.-241 a. C.)

Las primeras fases de la guerra consistieron en batallas terrestres, en Sicilia y el norte de África, pero a medida que avanzó el conflicto se convirtió en una guerra eminentemente naval. El conflicto fue costoso para ambos bandos, pero Roma se alzó con la victoria: conquistó la isla de Sicilia, obligando además a la derrotada Cartago a pagar un cuantioso tributo, que hubo de firmar Amílcar.


 
La larga guerra que llevó a Cartago al borde de la ruina había paralizado su comercio e introducido el caos en sus asuntos comerciales. En el año 240 a. C., las tropas mercenarias de Cartago se rebelaron. Aprovechando la oportunidad, Roma arrebató a los cartagineses las islas de Córcega y Cerdeña en el 238 a. C.
Amílcar llegó a la conclusión de que, después de esto, no cabía esperar un trato amable de Roma. Cartago debía prepararse para combatir nuevamente con el enemigo romano y para eso era necesario fortalecerse. Cartago ya tenía puestos avanzados en Hispania, el propósito de Amícar era ampliarlos y extender la influencia cartaginesa al interior. Según la tradición fundó la ciudad de Barcino, la actual Barcelona. Murió en el 228 a.C. combatiendo contra tribus nativas.

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